
La Ciudad de México invierte más de 300 millones y medio de pesos en bombear sus aguas negras y las que llegan de las montañas que lo rodean todos los días del año.
Es una especie de diálisis que se tiene que hacer, ya que ante los hundimientos que ha vivido, el drenaje quedó arriba y ya no sale de la metrópoli mediante un sistema de gravedad, como fue construido originalmente, según especialistas en el tema como Jorge Legorreta, de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Además, según el investigador de la misma casa de estudios, Agustín Breña Puyol, el sistema ha perdido su pendiente, por lo que su capacidad de desalojo se ha reducido en un 40%.
De acuerdo con los registros históricos de las tormentas que han ocurrido en la zona metropolitana del Valle de México, se ha estimado que se requeriría sacar un volumen de 315 metros cúbicos sobre segundo (m3/s), lo cual es imposible con la capacidad actual de los colectores.
Según datos del Sistema de Aguas de la Ciudad de México, proporcionado a través de la Oficina de Información Pública, existen 525 bombas, dispersas por toda la capital del país, en cuya operación se gastaron en 2009 366’806,000 millones de pesos.
Esta cifra contempla al personal operativo y técnico, así como combustible y energía eléctrica.
El número
300 mil litros de diésel se gastó el Sistema de Aguas de la Ciudad de México en 2009, en el funcionamiento de las bombas, cuando se tuvo algún problema de energía, lo que representó un gasto de 2 millones 252 mil 850 pesos.
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